desliza por la tarde
como el hilo de luz, cuando se filtra
por un recodo, al borde
del cielo anubarrado.
Se desplaza mecida por el aire
de los montes redondos,
al frescor de una tierra
mojada por
corrientes
del agua de la lluvia.
Acaso
se asemeja al ave fría
que surca el verde oscuro
cuando fondea el bosque
su canción de nostalgia.
Pasea por las lindes
cercanas al arroyo.
Se distrae, cavila,
es, quizá, como el auge
maduro del membrillo,
una vital caricia acomodada
al dorado esplendor de los otoños.
Lola Vicente