TIEMPOS DE UTOPIAS
Cuando AQUELLA foto
cayó en mis manos, foto que nunca vi en su momento, me di cuenta que jamás
debería habérseme ocurrido mantener ante todo aquel que se hallase a mi alcance
dialéctico, que la casualidad no existe y que la realidad es una deformación de
nuestros recuerdos, los cuales terminan aumentando la aljaba de nuestras vidas.
Me había matriculado
en una clase de Narrativa, y el primer día la profesora nos entregó una foto,
con el objeto de que dijésemos en una sola palabra la impresión que nos
causaba, y posteriormente debíamos hacer
un relato sobre lo que veíamos en la “resucitada” foto. Mi sorpresa al
verla fue indescriptible, mi estupor era tal que solo se me ocurrió decir Celebración
y que me llamaba la atención un personaje que figuraba en la misma y parecía
ausente, que miraba a otro lugar del objetivo, que no participaba de la
alegría del resto de los componentes
que ocupaban una barcaza y eran el
objetivo de la cámara de mi amigo Bernard.
Jugaba con ventaja,
el personaje ausente era yo. Para despistar dije que me parecía que estaban en
el mar, cuando estábamos en el Sena y por ende en Paris.
Nos habiamos reunido una serie de camaradas para
celebrar nuestro pirrico, insuficiente y efímero triunfo sobre los flics,
a los que habiamos hecho huir esa tarde en las algaradas del exageradamente
alabado Mayo del 68 francés. Quedamos en alquilar una barcaza para celebrarlo,
ya que como buenos revolucionarios pagaba papá.
Claudine, principal
protagonista de la foto, demostraba exageradamente su alegría con los brazos en
alto. No se acordaba seguramente que después de la carrera con
los antidisturbios detrás, me había comunicado que estaba embarazada.
Quizás de ahí mi aislamiento del resto y mi mirada ausente; aunque en aquellos
momentos de euforia preveía la inutilidad de la lucha que habíamos empezado y
que nunca acabaríamos con lo establecido, de ahí la verdadera causa de mi
ensimismamiento. Como buen estudiante de Económicas era lógicamente
pesimista, yo no veía el vaso medio
vacío era de los que veía el vaso medio lleno, pero de cicuta.
¿Qué quedó de aquel
idealizado mayo del 68? Unas frases mas o menos ingeniosas, tales como:
La imaginación al
poder. Sed reales, pedid lo imposible. Debajo de los adoquines está la playa.
La anarquía soy yo. Exagerar es comenzar a inventar. El derecho a vivir no se
mendiga, se coge. Tengo algo que decir, pero no sé que es (esta era de mi
cosecha propia).Inventad nuevas perversiones sexuales ¡Yo ya no puedo!. Solo la
verdad es revolucionaria. Y amaos los
unos a los otros (yo propuse en la Asamblea cambiar la preposición a por con) Y
esta ultima, con la que no estaba de acuerdo, pues viví de la práctica de una
profesión que entonces denostaba: La economía esta herida, ¡qué reviente!.
¿Cómo íbamos a saber
en aquellos años que esas utopías que pedíamos, serian trocadas por guerras
preventivas; globalización de la pobreza; unilateralismo de la riqueza;
destrucción de la naturaleza; nos imaginábamos que el Séptimo de Caballería
volvería a cabalgar por las llanuras de la bíblica Mesopotamia?
¿Sabíamos entonces
los componentes de la barcaza, que con el tiempo serviriamos al capitalismo que
queriamos arrasar? En la Universidad me decían marxista sector Groucho. Todos
nuestros idolos fueron desapareciendo,
unos se hicieron dictadores, otros murieron simplemente. Yo mismo acabé
trabajando en una multinacional norteamericana, fui también, lo que en aquellos
tiempos decíamos despectivamente un mercenario del capital. Claudine con toda
su vitalidad física y revolucionaria, después de nuestro divorcio- pues
terminamos casándonos como buenos burgueses- volvió a caer en el mismo error,
casándose con un terrateniente de la Borgoña donde además de ser la
copropietaria de un supercapitalista chateau, era la Directora de
Enología de una cantidad de viñedos que en los tiempos de la barcaza hubiésemos
definido como vergonzantes.
Escribí que nos
casamos, efectivamente lo hicimos, y fuimos felices el tiempo que duró el amor,
o sea dos años mas o menos, que es la media admitida sociologicamente que
suelen durar estos excesos, el resto es convivencia, costumbre y/o lástima.
Según las clases magistrales que el gran maestro de la sociología urbana, Woody
Allen, nos da en cada una de sus películas, no hay matrimonio más duradero que
el que se lleva a cabo por conveniencias económicas, pues hay algo mas fuerte
que une a la pareja, que ese irracional sentimiento llamado amor. ¡Cuánto mal
ha hecho a la humanidad!. El amor, por supuesto.
Bernard Auteil, autor de la
foto murió en Beirut en los 80 de un bombazo cuando trabajaba para France
Press, y era un reputado fotógrafo con múltiples exposiciones en todo el mundo.
Tenia, creo recordar, el premio Pulitzer de fotografía, no sería por la foto de
la barcaza, pero ahora que al cabo de 38 años la veo, yo se lo hubiese otorgado
por esa foto. Del resto de los componentes, no recuerdo nada, supongo que como
Claudine, Bernard y yo mismo, acabarían sucumbiendo a las excelencias del
sistema que queríamos destruir.
NOTA
PARA RECORDAR.- Creo que sería conveniente sacar una copia de la foto, y
llevársela a Claudine al sanatorio donde esta recluida por un maldito infarto
cerebral, quizás aunque sea momentáneamente, le haga salir de la celda en que
su mente se ha encerrado. Paso las tardes de dos domingos al mes haciéndole
compañía, le relato historias y cuentos que me invento para ella, pero su
mirada fija a un punto ignorado del horizonte, me hace pensar que pierdo el
tiempo, pero después de todo es la única persona en el mundo que escucha mis
fantasías, mis relatos que nada más que ella conoce, mi verdadero pensamiento,
mi aparentada ironía, mi imitado humor ingles, todo lo que podría haberle dicho
si no hubiésemos sido tan apresurados, si no hubiésemos sido tan jóvenes.
Quizás debimos darle tiempo al amor. ¿La verdad es que no lo sé? También debo recordar, no preguntar a la
enfermera si su marido ha ido a verla, pues la última vez que fui, me dijo que
sólo yo la visitaba. Me llevé un disgusto enorme, no se lo merece Claudine. ¡Tal vital y tan ignorada!