
Cuando la carne se enfría
sólo queda la ternura
y algunas brasas dispersas
del incendio
que discuten con hilos de
humo.
Bajo las cenizas
suenan orquestas de lentos
recuerdos
que a veces se excitan con un
rock.
En los atardeceres
comienzo a ensayar
la canción de la ternura.