Para
Belén y Quini, mis hijos.
y verte con el tiempo levantado
forrando botones o vendiendo pantys
a las funcionarias, sin prisa,
con el tiempo sentado en su trabajo seguro,
y tu escucha sonriente,
y a papá, que cuando no estaba en el bar
nos ayudaba vendiendo bobinas:
- blanca o tinta, Sra., preguntaba confundido,
y sobre el mostrador los recibos de los colegios
privados,
y tu bondad cuando le cosías los botones
a un Alberti desconocido para nosotras,
de largo pelo grasiento y sonrisa agradecida,
paseando solo por la calle Princesa.
Te recuerdo haciéndome la minifalda roja
durante toda la noche para la fiesta del INEF,
y tus preguntas pesadas de con quién había ligado,
y mi mal humor despachando cremalleras
que se abrían a sueños de libertad
y letras de cantautor,
y debajo, los apuntes
que “me entraban”
con botones cosidos a otras calles,
y nuestros saltos de alegría en el Templo de Debod
cuando nos tocaron 500 pts dentro del jabón,
que no alcanzaban para pasearnos por el Sena
en nuestro bateau-mouche
de “Antoñitas Fantásticas”.
Y ahora, esta nostalgia en la cara de hoy
al vivir otras palabras más al sur de la Plaza de España.
MariSol Huerta