Son demasiados años haciendo este vacío,
de su casa al trabajo sin variar el camino,
conocen semáforos y cruces y rotondas,
las voces de la radio, siempre a la misma hora.
Si los guardias de tráfico murieran de pronto
si las nubes cayeran como pesados toldos
no gastarían un segundo en mirar qué sucede,
tan espesa está su alma, tan oscura su suerte
Comparten un error necesario. Aquí ,en Madrid
se puede ver un hombre repetido en cien mil,
todos ajenos, iguales en monotonía,
parados en sus coches, degollando sus días
buscad en la memoria de la luna y sus mares
cubrid las impresoras con un crespón de duelo
“apagad los relojes, descolgad el teléfono”