DURMIENTE

En sus ojos caracolas

latidos de orfandades

pulso de rejas y miseria.


Por sus pupilas de ser aletargado

se escapa una alondra de ternura;

aún respira.


Al azar un día

alguien le reconoce hombre,

grano de arena.


Ahora despierta

y de su magma brota una oración

blasfemada

a la infinita energía de la vida.


Marga Schmidt
Madrid, Octubre 2009