| DESERTOR
DE MEDIANOCHE Su mirada con párpados de ateo le
enfrenta a los bosques con franqueza y la cara, entre cínica e ingenua evoca
tiempos agitados.
El rictus suave de los labios, guarda sed de
besos y otras cosas. Y en los ojos no hay carteles de paisajes otoñales,
ni música de Bach. Los enjutos rasgos de sicario y la
frente de tahúr, descubren a un luchador sin patria. La
barba de invierno anuncia el grueso silencio de la niebla y la noche que
desciende. |