|
NO FUE LA LLUVIA, VALENTINA
Solo la vi una vez en mi vida, pero al ver su cara, estuve seguro
que todo lo que conocía sobre la tristeza, no era tristeza.
Todos los cuadros de los más grandes pintores, todas las
esculturas conocidas, toda la imaginería barroca tan pródiga
en vírgenes sollozantes, no alcanzaban a reflejar la tristeza
de la cara de Valentina.
La conocí por una de esas casualidades que se dan de cuando
en cuando. Valentina (entonces no sabia como se llamaba) había
sido contratada por mi nuera para llevar a mi nieto al colegio por
las mañanas, pues el niño comenzaba sus clases a las
nueve de la mañana y tanto mi hijo como su mujer, salían
de casa a las siete a sus trabajos respectivos. Para no despertar
a mi nieto a esas horas, habían decidido contratar una persona
que iría a su casa a las siete, se encargaría de darle
de desayunar y posteriormente llevarlo al colegio. Esa persona era
Valentina.
La noche de antes de conocer la tristeza, recibí una llamada
telefónica de mi nuera en la que me pedía, que en
vista de la lluvia que caía en Madrid y se preveía
continuaría el día siguiente y ya que vivíamos
en la misma barriada, recogiese con mi coche a las nueve menos cuarto
a la asistenta llamada Valentina y a mi nieto y los llevase al colegio,
pues de continuar le persistente lluvia temía llegasen empapados.
Mi nuera avisaría a Valentina que yo iba a recogerlos a la
hora indicada.
Puntualmente a la hora que se me había indicado, llamé
al telefonillo de la vivienda de mi hijo.
Me di a conocer, contestó una voz de mujer y tuve la impresión
de que era una voz especial, no sabría como definirla, oí
como llamaba a mi nieto, y le decía que ya debían
bajar pues su abuelo estaba esperándolos. Como se preveía
llovía a cantaros.El aviso de mi nuera era acertado.Desde
el chaflán del portal donde me refugié del diluvio
que caía, vi como mi nieto se acercaba corriendo, y detrás
una señora cuyo porte, era el de una persona de un estatus
venido a menos y que definitivamente no era el de una asistenta.
Pedí a mi nieto un beso, este como todos los chicos dan besos
cuando quieren y no cuando nosotros queremos, yo conocía
su carácter díscolo y travieso y no le di mas importancia,
Valentina que había llegado a nuestra altura, con una voz
firme pero no impositiva, ordenó a mi nieto que me besase,
este le hizo caso con una docilidad para mi desconocida. El hecho
hizo que me fijase mas en Valentina, entonces fue cuando vi su rostro,
era la tristeza total, Miguel Ángel no reflejó en
La Piedad toda la tristeza que yo capté en el rostro de Valentina.
Pero lo que terminó de llenarme de perplejidad fue que al
sentarse junto a mi nieto en el asiento trasero mientras le ayudaba
a ponerse el cinturón de seguridad, le oí exclamar
entre dientes ¡Odiosa lluvia!, Esta expresión que oí
y ver su rostro por el espejo retrovisor, no cuadraba con el aspecto
de señora tan comedida, pero su cara reflejaba odio además
de tristeza.
No vi nunca más a Valentina , al cabo de los días
me había olvidado del asunto.
Han pasado dos años, y una tarde de primavera, quedé
con mi nuera en el parque para tomar café, así veía
a mi nieto y pasábamos la tarde juntos. Pese a que ya mi
hijo se divorció, yo seguí manteniendo una lógica
amistad con su ex mujer, por aquello de la mano que mece la cuna
y también porque la verdad no tuve motivos para no mantener
esa amistad. Me acompañaba una amiga común, que casualmente
era quien había recomendado a Valentina para ser asistenta
temporalmente. Por mi parte estaba atento a las peripecias de mi
nieto con su patín, pero oí la conversación
de mi amiga con mi nuera. En un momento determinado esta preguntó
a nuestra amiga común por Valentina, pues hacia mucho tiempo
no sabia nada de élla. Mi amiga asombrada le contestó
que Valentina había muerto recientemente de un cáncer
que se le detectó y solo vivió tres meses más.
Según dijeron los médicos pudo haberse curado o prolongado
su vida con los tratamientos adecuados, pero Valentina "se
había dejado morir!".
Desde el fallecimiento de su hijo, ocurrido poco antes de contratarla
mi nuera, Valentina cayó en una depresión y finalmente
el cáncer acabó con su vida. Extrañada mi nuera
preguntó por las causas de la muerte del hijo.
Parece ser que un día del invierno anterior, en una excursión
por la sierra de Madrid, tuvo un accidente debido a la lluvia, según
Valentina y se dio un golpe en la nuca que acabó con su vida.
Cuando oí esta parte del relato, entendí la tristeza
de Valentina, y su odio a la lluvia.
El asunto me intrigó tanto, que recurrí a un amigo
del Juzgado de Instrucción de la zona en la que murió
el hijo de Valentina y ante mi pregunta sobre el accidente me dejó
leer una nota de Régimen Interno, que la Policía Científica
a requerimiento del Juzgado, había enviado.
"DE LA INSPECTORA DE LA POLICIA CIENTÍFICA AL JUZGADO
DE INSTRUCCIÓN DE ROBLEDAL DE LA SIERRA.-
A petición de ese Juzgado remitimos informe de las causas
de la muerte de D. Fernando Rodríguez Maestro, de 23 años,
ocurrida en esa jurisdicción el día 20 de Noviembre
de 1998.
Según examen en el lugar, así como resultados de la
autopsia, podemos asegurar que el óbito sobrevino a las 16
h. 30 m. del mencionado día por un golpe en la base del cráneo.
en la región de la montaña donde fue hallado.El sujeto
calzaba zapatillas inapropiadas para la montaña y oía
música con cascos cuando sobrevino la caída. La muerte
fue inmediata. Las causas de hallarse el cadáver mojado,
fueron debidas a la lluvia caída a partir de las 17 h. 58
m., según informe del Instituto Meteorológico y no
puede atribuirse la perdida de equilibrio a este fenómeno
atmosférico, dado que según informe forense y examen
de la temperatura del hígado, la muerte se produjo a la hora
citada, o sea las 16h 30 m. Lo cual le trasladamos a los efectos
oportunos."
Después de ver este informe comprendí la tristeza,
no el odio a la lluvia, pero el dolor de una madre por la muerte
de su hijo, le dio licencia para abrir las perreras del vientre
y soltar los lebreles del odio. Pero... no fue la lluvia Valentina.
Alcorcón 4 de Octubre 2005
|