VICTOR DONAMARIA

 

 
 
 
 
 

 

 

  NO FUE LA LLUVIA, VALENTINA

Solo la vi una vez en mi vida, pero al ver su cara, estuve seguro que todo lo que conocía sobre la tristeza, no era tristeza. Todos los cuadros de los más grandes pintores, todas las esculturas conocidas, toda la imaginería barroca tan pródiga en vírgenes sollozantes, no alcanzaban a reflejar la tristeza de la cara de Valentina.

La conocí por una de esas casualidades que se dan de cuando en cuando. Valentina (entonces no sabia como se llamaba) había sido contratada por mi nuera para llevar a mi nieto al colegio por las mañanas, pues el niño comenzaba sus clases a las nueve de la mañana y tanto mi hijo como su mujer, salían de casa a las siete a sus trabajos respectivos. Para no despertar a mi nieto a esas horas, habían decidido contratar una persona que iría a su casa a las siete, se encargaría de darle de desayunar y posteriormente llevarlo al colegio. Esa persona era Valentina.


La noche de antes de conocer la tristeza, recibí una llamada telefónica de mi nuera en la que me pedía, que en vista de la lluvia que caía en Madrid y se preveía continuaría el día siguiente y ya que vivíamos en la misma barriada, recogiese con mi coche a las nueve menos cuarto a la asistenta llamada Valentina y a mi nieto y los llevase al colegio, pues de continuar le persistente lluvia temía llegasen empapados. Mi nuera avisaría a Valentina que yo iba a recogerlos a la hora indicada.


Puntualmente a la hora que se me había indicado, llamé al telefonillo de la vivienda de mi hijo.
Me di a conocer, contestó una voz de mujer y tuve la impresión de que era una voz especial, no sabría como definirla, oí como llamaba a mi nieto, y le decía que ya debían bajar pues su abuelo estaba esperándolos. Como se preveía llovía a cantaros.El aviso de mi nuera era acertado.Desde el chaflán del portal donde me refugié del diluvio que caía, vi como mi nieto se acercaba corriendo, y detrás una señora cuyo porte, era el de una persona de un estatus venido a menos y que definitivamente no era el de una asistenta.


Pedí a mi nieto un beso, este como todos los chicos dan besos cuando quieren y no cuando nosotros queremos, yo conocía su carácter díscolo y travieso y no le di mas importancia, Valentina que había llegado a nuestra altura, con una voz firme pero no impositiva, ordenó a mi nieto que me besase, este le hizo caso con una docilidad para mi desconocida. El hecho hizo que me fijase mas en Valentina, entonces fue cuando vi su rostro, era la tristeza total, Miguel Ángel no reflejó en La Piedad toda la tristeza que yo capté en el rostro de Valentina. Pero lo que terminó de llenarme de perplejidad fue que al sentarse junto a mi nieto en el asiento trasero mientras le ayudaba a ponerse el cinturón de seguridad, le oí exclamar entre dientes ¡Odiosa lluvia!, Esta expresión que oí y ver su rostro por el espejo retrovisor, no cuadraba con el aspecto de señora tan comedida, pero su cara reflejaba odio además de tristeza.
No vi nunca más a Valentina , al cabo de los días me había olvidado del asunto.


Han pasado dos años, y una tarde de primavera, quedé con mi nuera en el parque para tomar café, así veía a mi nieto y pasábamos la tarde juntos. Pese a que ya mi hijo se divorció, yo seguí manteniendo una lógica amistad con su ex mujer, por aquello de la mano que mece la cuna y también porque la verdad no tuve motivos para no mantener esa amistad. Me acompañaba una amiga común, que casualmente era quien había recomendado a Valentina para ser asistenta temporalmente. Por mi parte estaba atento a las peripecias de mi nieto con su patín, pero oí la conversación de mi amiga con mi nuera. En un momento determinado esta preguntó a nuestra amiga común por Valentina, pues hacia mucho tiempo no sabia nada de élla. Mi amiga asombrada le contestó que Valentina había muerto recientemente de un cáncer que se le detectó y solo vivió tres meses más. Según dijeron los médicos pudo haberse curado o prolongado su vida con los tratamientos adecuados, pero Valentina "se había dejado morir!".


Desde el fallecimiento de su hijo, ocurrido poco antes de contratarla mi nuera, Valentina cayó en una depresión y finalmente el cáncer acabó con su vida. Extrañada mi nuera preguntó por las causas de la muerte del hijo.


Parece ser que un día del invierno anterior, en una excursión por la sierra de Madrid, tuvo un accidente debido a la lluvia, según Valentina y se dio un golpe en la nuca que acabó con su vida.
Cuando oí esta parte del relato, entendí la tristeza de Valentina, y su odio a la lluvia.
El asunto me intrigó tanto, que recurrí a un amigo del Juzgado de Instrucción de la zona en la que murió el hijo de Valentina y ante mi pregunta sobre el accidente me dejó leer una nota de Régimen Interno, que la Policía Científica a requerimiento del Juzgado, había enviado.
"DE LA INSPECTORA DE LA POLICIA CIENTÍFICA AL JUZGADO DE INSTRUCCIÓN DE ROBLEDAL DE LA SIERRA.-
A petición de ese Juzgado remitimos informe de las causas de la muerte de D. Fernando Rodríguez Maestro, de 23 años, ocurrida en esa jurisdicción el día 20 de Noviembre de 1998.
Según examen en el lugar, así como resultados de la autopsia, podemos asegurar que el óbito sobrevino a las 16 h. 30 m. del mencionado día por un golpe en la base del cráneo. en la región de la montaña donde fue hallado.El sujeto calzaba zapatillas inapropiadas para la montaña y oía música con cascos cuando sobrevino la caída. La muerte fue inmediata. Las causas de hallarse el cadáver mojado, fueron debidas a la lluvia caída a partir de las 17 h. 58 m., según informe del Instituto Meteorológico y no puede atribuirse la perdida de equilibrio a este fenómeno atmosférico, dado que según informe forense y examen de la temperatura del hígado, la muerte se produjo a la hora citada, o sea las 16h 30 m. Lo cual le trasladamos a los efectos oportunos."


Después de ver este informe comprendí la tristeza, no el odio a la lluvia, pero el dolor de una madre por la muerte de su hijo, le dio licencia para abrir las perreras del vientre y soltar los lebreles del odio. Pero... no fue la lluvia Valentina.

Alcorcón 4 de Octubre 2005