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UN MUCHACHO
Yo, no te conocía por tu nombre,
sólo participaba
del regalo de tu simple presencia
en aulas y pasillos,
del inconsciente don que repartías
sólo por existir.
Sabía, sí,
de tus hermosos años cargados de futuro,
de la luz que al mirar expandías
y esa risa tan fácil
cuando se tiene tanto por vivir.
Pero, cómo explicar
el trágico trazado
de la palabra nunca en la pizarra
un viernes de febrero.
Ninguna ecuación, ninguna fórmula,
nada para entender
la delicada línea que dividió tu tiempo.
Dicen que fue un instante,
que un monstruo con entrañas de motor
se atrevió a profanar tu cuerpo adolescente,
quebró tu frágil talle sin esfuerzo
y rojas amapolas mancharon el asfalto y enturbiaron
el transparente azul de tu mirada limpia.
Y el carnaval entonces
irrumpió sin permiso
con máscaras mostrando carcajadas,
mientras todas las madres lloraban sin pudor
el dolor insaciable de tu madre
y todas las muchachas se vestían
de novias viudas para llorar de amor
en las futuras noches de jazmines tronchados
Tirsa Caja
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