Tu voz convocó a las estrellas
y les dictó el formato de la noche.
En mi casa,
un recinto de varones solitarios
a prueba de cielos y promesas,
sobrevino el sueño y su dulce alevosía.
Indeleznable y profunda
surgiste del brazo del océano
y con tu mano de arcángel
me anunciaste al laberinto,
de la amargura y la luz.
Miguel de Francisco
Marzo 2006
|
|