No sé qué músicas acerca el
aire hasta mi casa, noche contra noche.
En cada esquina de silencio
hay un remolino de papeles que espera
su danza. El aire bate el
pasado, allí bailan el vacío y el miedo. Mi
andar
es tan viejo como un pozo.
Para qué volver si nunca me he alejado,
si nunca regreso a la verdad,
si sólo hay sombra en mi memoria.
El aire es la gran ventana de
siempre, más real que cualquier sentimien-
to; las calles se abren entre
las casas que se encienden y se apagan.
No caminan las casas, se
derrumban inmóviles como dinosaurios.
No hay casas esta tarde, todo
a mi alrededor se difumina. No hay
recuerdos, sólo un secreto
camino que huye de mis ojos.
José Pérez Carranque
noviembre 2006