Sin decir palabra

Me gusta tu presencia sin palabras
y tus manos que apestan a consigna.
Me enloquece tu aliento doctrinario
y tus años de prostituta en Praga

Me gusta tu presencia silenciosa
y tus manos que apestan a volante.
Me enloquecen tu aliento de aceituna
y tus años de prostituta en Málaga

Despiertas melodías en mi armónica
con tu aire tan lejano
y tus dados de hueso amarillento
descubren en mis naipes las dudas y las marcas

Me gusta tu escritura desabrida
cuando, harta ya de amar,
me dejas una nota en la que dice
"muchacho, acércate también mañana"

Permite que me inspiren tu tono autoritario
de callada verborrea,
la forma en la que miras a los astros,
tu amable gravedad de mar en calma.

Me gusta que me mires en la ducha,
te acerques sigilosa por la espalda
y la emprendas a mordiscos
sin mediar puta palabra.

 

Miguel de Francisco