Hoy he visto el desagradable pezón de Rosa Haley, con su nube de ámbar en los ojos, y la furtiva presencia de Jackson Jacks, gobernador de islas tardías con manantiales de tifus exantemático. Hoy, mediados de marzo del 87, día del Señor de los tributos y las exenciones, reivindico un trozo de metal que no corresponde a los aviones supersónicos, una pista de para la caligrafía, y un fuerte olor a combustible invadiendo millas cuadradas de aeropuerto. Y aún queda una salva de aplausos y un augusto cuello de cisne para Penélope.

 

Miguel de Francisco