ORACIÓN EN LA SINAGOGA DE PEST

Retrato de mi amigo Karòly


Cada amanecer, siento con su mano la comunión en las veletas. El viento en los árboles le vierte un nuevo cáliz, se desmaquilla la aurora. Atraviesa la avenida Andràssy, va derecho hacia la sinagoga de mi alma. Cuando pienso en las estrechas de Pest, firmo en su libro de coágulos, me cose la cofia en los ojos. Y cada amanecer me santiguo a la inversa. Justo donde se vendimia la infancia con la miseria boba de mi mano, donde se tiende la herida, la pócima es el ángel; donde derramarla es la inquietud del osario, la gangrena, donde quitarse las sandalias es un cuerpo de mujer…

 

Federico Monroy