QUIEN A
HIERRO MATA......
Los quince años que llevaba en España, se le habían
hecho cortos, es mas, hace un mes ni siquiera se acordaba
del Perú.
El destino, como los recuerdos
siempre vienen a decirte que existen, cuando menos falta hace que lo hagan. Cuando tú, lo único que quieres es
que sigan en ese lugar intrincado de tu mente en el que los alojaste con la esperanza,
de que allí siguieran. Pero no....., se resisten a seguir tus deseos, se
sublevan y repentinamente se presentan ante ti, reclamando el pago de su
alejamiento de quince años, recordándote que tienes una obligación con ellos,
que debes volver a matar, que tus quince años de paz, no han servido para nada,
que tu eres un terrorista y que siempre
lo serás, por muy justa que consideres tu causa.
Desconocía las jugadas del destino, así es que aceptó casi con deleite,
cuando su amigo de la obra en la que trabajaban en Valencia, le pidió prestado
su coche para ir a Madrid a recibir al padre de su mujer que venia de Perú el
día 30 de Diciembre. Aceptó y con la excusa de que su amigo no era muy ducho en
la conducción por Europa, se ofreció a manejar el mismo el carro hasta la
capital de España.
Hacia un mes que recibió una foto hecha en el río Puria en los años en que militaban en Sendero, y en la que unos familiares de milicos y gente de derechas, celebraban una redada entre sus compañeros. El hombre que miraba ausente a la cámara era el temido Capitán Prieto, el mismo que con total entrega, torturaba a compañeros caídos en sus manos, tarea en la que no solo destacaba, sino que lo hacia con verdadera entrega y placer. Su mujer era la que alzaba las manos al cielo. Los dos venían el día 30 a Madrid, y los dos eran los padres de la mujer de su amigo Eustaquio. El favor de trasladar a su amigo y su hija a la capital para recibir a sus padres, no era gratuito. De Lima le llegaron ordenes de acabar con ambos. Recibió en distintos envíos el arma desmontada, un fusil Remington 373 de mira telescópica, capaz de acertar a 2000 metros con total eficacia. Él, como tirador especialista, con mas de treinta muertes en su haber, a sabiendas de que los años, los odios ocultos e irredentos, las venganzas no llevadas a cabo, y todas las miserias del mundo no habían paliado sus ansias de venganza y justicia, había sido designado para acabar, en la mal llamada Madre Patria, con la pareja de torturadores, cuando ya nadie ni en Perú ni en ningún lugar del mundo se acordaban del Capitán Eulogio del Moral y Prieto, y mucho menos de su tétrica esposa, que hace ¿Cuántos años ya? Levantaba los brazos alborozada porque se le había “ido la mano” en la picana. La bellísima Eduvina Ortiz de Mendibil de Todos los Santos y de Santa Maria de Egipcíaca.
Llegaron
a Madrid, Barajas a las 8 h.30 m. am, aparcó el coche en el edificio D de la
Terminal 4, junto a una furgoneta de color rojo, con apariencia de llevar
tiempo estacionada. Lo hizo
intencionadamente, detrás de esta furgoneta, su humilde Renault Clio, no se
veía desde la terminal y desde ese ángulo tenia una perfecta visión de los personajes
que tenia que “tumbar”.Con la excusa de que estaba cansado de conducir, se
quedo en el coche para hacer una pequeña dormida, mientras su amigo y esposa
iban a recibir a los dos tétricos personajes que los recuerdos, el destino y la
Historia, ponían ante el punto de mira de su rifle. Aprovechó los treinta
minutos que le quedaban, para montar pieza a pieza, con la habilidad de la
costumbre, el rifle que en diversos paquetes había alojado en la maleta de su
utilitario, debajo de la rueda de repuesto. Hizo una prueba para ajustar la
mira telescópica apuntando a un
adormilado taxista situado a trescientos metros desde la balconada del
Aparcamiento D de la Terminal 4 de Barajas, cuando la mira se ajusto precisamente
en el lugar exacto preferido, la nuca de la victima, esperó pacientemente la llegada de las odiadas victimas.
Miró el
reloj, comprobó que eran las nueve horas AM menos un minuto, del día 30 de
Diciembre del año 2006.
Una
horrible explosión se oyó en ese momento, todo se llenó de humo. Edwuin
Fernández, no llegó a levantar la vista del reloj.
El
Destino, una vez más había jugada su macabra partida de ajedrez, moviendo los
peones caprichosamente. Unos terroristas habían salvado a dos terroristas de
Estado, merecedores de la muerte. Unos terroristas habían acabado con el ansia
de venganza de ¿Cuántos años? de otro terrorista. Y lo peor, habían acabado con
las esperanzas de un pueblo viejo, cansado de violencias, hartos de treguas no
respetadas, ansiosos de paz en una guerra no declarada, que viene de los
tiempos de Escipion el Africano y el sitio de Numancia, de las Guerras
Carlistas, de toda una vida de desencuentros ¿Pero alguien les exige en su
aprendizaje del terror saber Historia?.
Alcorcon,
6 Enero 2007 Víctor DA