CARMEN PAREDES





POR QUIEN LLEVADO

Se dirigió malhumorada a la cafetería de la estación. Había olvidado en el tren su libreta con el esbozo de un cuento oriental, en el que ya tenía perfilada la esencia del protagonista. Cuando trataba de recordar lo apuntado, llegó él, envuelto en áurea verde, y se paró a su lado.
De la mirada escapó una lágrima que le recriminó el despiste, en tanto que susurraba, me he quedado sin ventura ni final.
Fue entonces que el dulce Qaasim, de un brinco subió al mostrador, se puso dos churros por zarcillos y comenzó a taconear de modo que platos, tazas y cucharas salieron despedidos como satélites.
Elia, con rápidas anotaciones en una servilleta, se esforzaba por recuperarlo, pero él seguía en desaforado zapateo, ahora sobre jugo de naranja.
Mientras, en el convoy, la pequeña Lía garabateaba encima del escrito de un cuadernillo encontrado, al que después arrancaba las hojas y distribuía al azar.

Carmen Paredes
May/05