Mi mano abierta
sobre la colcha lenta
sigue esperándote
para un rato de piel.
por la ventana
y tú ausente de nuevo.
se nos está metiendo
como un sable afilado
y no puedo dormir.
Pasa una mano
que acaricia mi frío
y me quita el temblor.
Me agarro fuerte a ella
antes de que se vaya
como las hojas
en su vaivén al viento.
MSol Huerta
septiembre 2006