(Variación sobre un
poema de Julio Navarro)
A veces pensé que
era un coche mal aparcado
junto a una
papelera de periódicos viejos,
que mi sombra
pintaba los muros
canciones de
marinos de otra costa.
Nunca desnudé mi
cuerpo en los angostos
ni llegué en los
titulares a encontrarme,
a veces siempre
torcía las calles
y bebía, el
primero, de la última copa.
Tuve una bolsa con
poemas de cine
para comprar esta
tierra de aplausos.
Tuve el dedo para
marcar vuestras burlas
y la poción que adiestra
a las panteras.
Por eso, sentado en
la fuente,
torcer
la barbilla como Bette Davis,
tocar
esta guitarra que me queda,
atar
la música al monólogo que huye.
Federico Monroy