CESAR NAVARRO

 

 
 

 

                              

  ODA A LA TINAJA


Deja que te cante
Que descubra tu barro.
Que tu sueño se llene de mi voz en tu oscuro, en tu hermético frío.

Deja que te baile.
Que busque entre mis brazos tus caderas ampulosas.
Que mi pecho en tu calor.
Que mi vientre en tu humedad.
Inundas mis esquinas
con tu cuenco generoso y abundante,
y me elevo de ti.

Deja que te tome.
Que viertas tu vacío.
Que me consumas.

Ayer
te dieron forma
de triste y desolado yo:
te raptaron de la tierra,
te encerraron en un baile
sensual
de otras manos.
Y tu arcilla amputada enloqueció
dentro de un horno de orquídeas
y fuiste así libre
para hoy.

En torno a ti las fiestas,
bosques de rostros amigos.
Y en los besos de escarcha
buscamos fuego,
nos herimos, nos sanamos, nos morimos,
adornamos nuestros bailes por el techo,
lloramos nuestras desnudeces
vagabundos de tu sangre.

Deja que te cante
madrugadas con caricias silenciosas
cuando todos se hayan ido.
Mis dedos, tu piel,
se extienden por un cuerpo de ángel
que perdió las alas,
secuestró una noche
y se enamoró.
Noche que son todas las noches que me quedan,
y simulas con tu barro mis sonrisas.

Vente conmigo.
Que alimentas mi dentro
con tu espuma caliente.
Encuentras esa savia que falta en mis poemas:
el silencio
que se esconde en mis palabras.


César Navarro



                                                                                         
 
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