NOCHE LARGA

Y no amanece.
Los visillos son el rostro mudo, brillante, de la espesa niebla.
La luna, lejana, esa pálida farola entre las acacias.

Y no amanece, entre las sábanas.

Dos perros se aman en la esquina, mirando cada uno a una punta de la calle.

El va venciendo resistencias, como se quiebra un espejo.
Y no amanece nunca, en aquella habitación, de su propia casa.

Todo ocurre en silencio. Mientras el miedo va ganando la batalla.
Entre la niebla.
Con su mordaza blanca.

 

Francisco Rodriguez Tejedor

.