Mano inquieta

Hay palabras que se encienden
y la mano las hace explotar
desabrochando uno a uno
los botones de la camisa.
Otras juegan en los rincones
se esconden de tras de la hoja.
Con suavidad la mano
las guía hasta la frase
que se hace caricia en el cuerpo
del poema.
Si el verso se le resiste
o se acordona al silencio de los dedos
la mano agrede la hoja
estrangulando el poema
por la cintura.

Inevitablemente la mano regresa
siempre
a la extremidad del brazo.

 

 

Manuela Sola Castro

 

La mujer del pescador

Sus manos cardan
aguas y tejen lágrimas
y mecen la cuna vegetal
que amamanta los hijos
de la tierra.
Al pensar en su hombre
cree que le salva de su destino
mas el desasosiego abre grietas
haciendo visible el interior
de las vísceras.
Se arrodilla con las manos en alto
y busca consuelo en la rodaja de pan
que mastica con hastío
mientras presagia el horizonte.

 

 

 

 

Manuela Sola Castro