Los colimbos desplazan
sombras
sobre el cristal de las
estepas,
alumbran enigmas en los
límites,
reposan en las templadas
marismas
mientras duermen sus alas.
Con tenaces aleteos
perfilan flechas en el cielo
hasta alcanzar su diana.
Acantilados del sur.
Por instinto buscan el calor
y ya solo de vuelta
reconocen sus sombras.