Vengo en vuestro nombre,
hombres y mujeres que nunca
conocisteis
la palabra:
tomadla en vuestras manos como a un hijo,
dadla forma como al barro,
amasadla como al pan...
y en ella, reflejo de otra sombra...
veréis interpretados vuestros gestos.
Tomadla en vuestras manos,! acercaos!:
es vuestra hija,
el eco de la carne que engendró a vuestros padres,
a los padres del tiempo, y sus abuelos;
dadla forma como al barro,
amasadla como al pan,
y sed humildes:
en ella encontraréis vuestro silencio,
la paz de vuestra sangre a través de los años,
y un dulce testamento.
Vengo en vuestro nombre,
mujeres de los hombres que nunca conocisteis
la palabra:
miradla en vuestras bocas esperando a ser dicha,
mensaje de saliva, y sedimento.
Venís de la hojalata,
del color cobre
de toda la pobreza,
bajando
de las sombras como un río...
y no se con qué rostro recibiros,
y no se con qué manos abrazaros...
para aplacar el hambre de un latido.
Venís de
la hojalata,
de las
largas hogueras a través de la noche,
del viejo
corazón que es periferia,
y del
suicidio...
y os
muestro la palabra como el aire,
como único
alimento para sanar la vida.
Tocadla
como al barro,
dejadla
que en la boca se ablande como el pan,
y sed
humildes...
porque
ella en vuestros labios hablará por vosotros,
contará
vuestra historia,
y será
vida.
Venís de
la hojalata,
del barro
de las calles que crece como espuma
en el
silencio,
y de las
costras...
y no sé
con qué rostro recibiros,
y no sé
con qué manos abrazaros...
y sólo la palabra se afana en el encuentro:
esmerada y
humilde
reparte en
vuestra boca aliento para un día,
y os relata que
el mundo también os pertenece:
hermanos de la
droga, del sida de otros labios,
de las venas
que estallan al rumor de la noche,
hermanos entre
el barro,
entre el humo
fugaz de las hogueras
que alumbran
junto al mundo su condición de frío...
venís de la
hojalata,
del color cobre
de toda la pobreza,
y no sé con qué
rostro recibiros,
y no sé con qué
mano abrazaros...
...Corazones
sin nombre,
dejaros
bautizar por la palabra...