IN MEMORIAM (A LAS VÍCTIMAS DEL 11-M)
- "No he dicho a nadie que estuve a punto de llorar" ...-
J. Hierro
¡ No se lo he dicho a nadie, José, no se lo
he dicho a nadie!
¡ Y sin embargo, es un hecho?:
Han muerto en España cientos de hombres y mujeres,
cuyo cadáver, destrozado,
irreconocible... ha podido visitarse en polideportivos y pabellones, durante
todo el fín de
semana. (Allá lo llamareis weekend).
¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!
Es una historia que comienza temprano. En apariencia, un día como cualquier
otro.
Cientos de pasajeros esperan los trenes que han de llevarlos a la ciudad,
al trabajo, a sus
sueños. Es una historia que prosigue en los vagones, con las miradas
erráticas,
pensando en el Atlántico, en Polonia, en El Estrecho.. y que alcanza
su término
precisamente aquí, en Madrid, con el ruido insolente de una locomotora,
y algo más.
¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie?
Tal vez
sea cierto; al fín y al cabo, cualquier lugar es bueno para morir.
Réquiem
aeternaam. Y sin embargo, pienso que es un "dicho de viejos"; pienso
que hay otros
sitios, otras causas, otros momentos. Por ejemplo, un pequeño pueblo
de canteros, entre
cruces y heléchos; o secos caminos que recorren las cumbres de Gredos,
y láminas de
arena tibia que se convierten en playas, bajo los pies de algunas mujeres,
pequeños e
indefensos. Réquiem aeternaam.
(No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!
Sus cadáveres, tendidos sobre el parquet frío, han podido visitarse
en polideportivos
y pabellones, durante todo el fín de semana. (Allá lo llamaréis
weekend puesto que dios
habla la lengua de los poderosos); han llegado las primeras coronas de flores,
los
primeros pésames del sueño. En las inmediaciones, atraídos
por el olor, se agolpan
psicólogos, periodistas, voluntarios de hombres. Todos ellos tristes,
todos ellos
inciertos. Réquiem aeternaam.
¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!
Lo doloroso, efectivamente, no es morir algún día como hoy,
sino sin gloria, sin
respeto, sin papeles, sin certeza. Réquiem aeternaam. Lo doloroso es
esta humillación,
este olor a hierro caliente y sangre reseca,... elevándose entre nosotros
hasta pudrirse,
abriéndose paso, firmemente, como las aguas bíblicas. Réquiem
aeternaam.
¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!
Sus familias
enteras fundaron la tierra, en un día no demasiado lejano. Pisaron
lugares fértiles como éste, izaron la bandera de los hombres,
y procrearon. De sus
primeros hijos surgieron otros, y de éstos algunos más... hasta
formar una larga cadena
imprescindible; cuando uno de ellos moría, se contaban leyendas, velaban
su cuerpo con
el fuego, "entre caballos y armas ", "héroes para siempre
".
¡ Sus hijos, maldita sea, no han caído así!. Ellos no
han caído así. No han muerto por
"ninguna hermosa locura ", por ningún sueño respetable.
O tal vez si; tal vez la vida, en
estos momentos sea la peor de las locuras, el más irrefrenable de los
sueños.
Vinieron ellos también porque su tierra era pobre, porque su vida era
triste. Vinieron
del Atlántico, del Adriático, del Tirreno... para llenar este
lugar con el olor de sus olas,
para mojar las calles con su acento. "Ahorita no más!' "goodbye,
"inverno"... Parecía
el principio de los tiempos. Píeles y lenguas mezcladas, fundidas en
una sola. También
ellos izaron la bandera de los hombres, en este mismo lugar donde murieron.
¡ No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie
!
Me he limitado a reflejar un esquela de un periódico, en Madrid. El
12 de Marzo del
ano 2004. Objetivamente. Sin vuelo ni sangre en el verso. Injustamente, en
realidad.
Doscientos hombres como millones de hombres cualquiera. No he dicho a nadie
que
estuve a punto de llorar... que, todavía, hoy sigo haciéndolo.
(Marzo. Año 2004.)
Miguel Velayos