MIGUEL VELAYOS


IN MEMORIAM (A LAS VÍCTIMAS DEL 11-M)
- "No he dicho a nadie que estuve a punto de llorar" ...-
J. Hierro

 

¡ No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!
¡ Y sin embargo, es un hecho?:

Han muerto en España cientos de hombres y mujeres, cuyo cadáver, destrozado,
irreconocible... ha podido visitarse en polideportivos y pabellones, durante todo el fín de
semana. (Allá lo llamareis weekend).


¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!


Es una historia que comienza temprano. En apariencia, un día como cualquier otro.
Cientos de pasajeros esperan los trenes que han de llevarlos a la ciudad, al trabajo, a sus
sueños. Es una historia que prosigue en los vagones, con las miradas erráticas,
pensando en el Atlántico, en Polonia, en El Estrecho.. y que alcanza su término
precisamente aquí, en Madrid, con el ruido insolente de una locomotora, y algo más.


¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie?

Tal vez sea cierto; al fín y al cabo, cualquier lugar es bueno para morir. Réquiem
aeternaam. Y sin embargo, pienso que es un "dicho de viejos"; pienso que hay otros
sitios, otras causas, otros momentos. Por ejemplo, un pequeño pueblo de canteros, entre
cruces y heléchos; o secos caminos que recorren las cumbres de Gredos, y láminas de
arena tibia que se convierten en playas, bajo los pies de algunas mujeres, pequeños e
indefensos. Réquiem aeternaam.


(No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!


Sus cadáveres, tendidos sobre el parquet frío, han podido visitarse en polideportivos
y pabellones, durante todo el fín de semana. (Allá lo llamaréis weekend puesto que dios
habla la lengua de los poderosos); han llegado las primeras coronas de flores, los
primeros pésames del sueño. En las inmediaciones, atraídos por el olor, se agolpan
psicólogos, periodistas, voluntarios de hombres. Todos ellos tristes, todos ellos
inciertos. Réquiem aeternaam.


¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!


Lo doloroso, efectivamente, no es morir algún día como hoy, sino sin gloria, sin
respeto, sin papeles, sin certeza. Réquiem aeternaam. Lo doloroso es esta humillación,
este olor a hierro caliente y sangre reseca,... elevándose entre nosotros hasta pudrirse,
abriéndose paso, firmemente, como las aguas bíblicas. Réquiem aeternaam.


¡No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie!

Sus familias enteras fundaron la tierra, en un día no demasiado lejano. Pisaron
lugares fértiles como éste, izaron la bandera de los hombres, y procrearon. De sus
primeros hijos surgieron otros, y de éstos algunos más... hasta formar una larga cadena
imprescindible; cuando uno de ellos moría, se contaban leyendas, velaban su cuerpo con
el fuego, "entre caballos y armas ", "héroes para siempre ".


¡ Sus hijos, maldita sea, no han caído así!. Ellos no han caído así. No han muerto por
"ninguna hermosa locura ", por ningún sueño respetable. O tal vez si; tal vez la vida, en
estos momentos sea la peor de las locuras, el más irrefrenable de los sueños.


Vinieron ellos también porque su tierra era pobre, porque su vida era triste. Vinieron
del Atlántico, del Adriático, del Tirreno... para llenar este lugar con el olor de sus olas,
para mojar las calles con su acento. "Ahorita no más!' "goodbye, "inverno"... Parecía
el principio de los tiempos. Píeles y lenguas mezcladas, fundidas en una sola. También
ellos izaron la bandera de los hombres, en este mismo lugar donde murieron.


¡ No se lo he dicho a nadie, José, no se lo he dicho a nadie !


Me he limitado a reflejar un esquela de un periódico, en Madrid. El 12 de Marzo del
ano 2004. Objetivamente. Sin vuelo ni sangre en el verso. Injustamente, en realidad.
Doscientos hombres como millones de hombres cualquiera. No he dicho a nadie que
estuve a punto de llorar... que, todavía, hoy sigo haciéndolo.


(Marzo. Año 2004.)

Miguel Velayos


PAGINA PRINCIPAL