CARMEN PAREDES


Envenenamiento

 

Elisa trataba de leer los poemas de Ángel González, pero las letras, fundidas por el calor estival se hacían inasibles. Por lo que decidió meter el libro durante unos minutos en el congelador.
Una extensa conversación telefónica y la lectura de los correos electrónicos, hicieron que el ejemplar estuviera más largo tiempo.
Así fue como al abrirlo, los helados signos cayeron uno a uno por el suelo. Donde se derritieron.
Cuando volvió con la fregona, Trasgo, el cocker negro, saciaba su sed en las baldosas.
Durante el plomizo pasar de día festivo, en tanto que, abstraída, miraba por el balcón, quedó envuelta en un susurrado Dánae.
Al vespertino paseo con la mascota, Todos ustedes parecen felices, secundó resonante, el saludo a un grupo de vecinas que departía con el conserje.
Y en el camino, Introducción a las fábulas para animales, la musitada compañía.
Ya lo tenía resuelto, mientras le quitaba el arnés en casa. Cada semana, le daría a beber un libro.
Con el tiempo, era el perro quien elegía.
Si escondido en las cortinas, Entre visillos de Martín Gaite. Si a la pata coja de loseta en loseta, Rayuela de Cortázar.
Pero un día, travieso, volcó el tarro de miel. Interpretado como La Colmena de Cela. Supuso para el animal un cólico que lo tuvo a borde de la muerte.

Carmen Paredes
09/11/04

 

DÁNAE

La tarde muere envuelta en su tristeza.
Paisaje tierno para soñadoras
miradas de mujer, exploradoras
de su melancolía en la belleza.

Dánae apoya en sus manos la cabeza.
El ambiente que el sol último dora
es una leve, dulce y turbadora
caricia que la oprime con pereza.

Un pajarillo gris, desde una vana
rama, canta a la tarde lenta y rosa.
Oro de sol entra por la ventana.

y Dánae, indiferente y ojerosa,
siente el alma transida de desgana
y se deja, pensando en otra cosa.
Ángel González

TODOS USTEDES PARECEN FELICES…

…y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen, incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
Y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo: esta
desesperante, estéril, larga,
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé- lenta, me arrastra.

Ángel González
INTRODUCCIÓN A LA FÁBULAS PARA ANIMALES

Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.
Hoy quiero -y perdonad la petulancia-
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para aves y para peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejó atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
-ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente-
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.

Ángel González