EL ESTANCO DE LA ESQUINA (LEYENDA URBANA)
Desde luego, en los estancos pasan cosas muy raras.
Trabajo en el estanco de la esquina desde hace no sé cuantos años, quizás mas de siete, pero lo que he presenciado, y comprobado en los dos últimos meses como más adelante explicaré, pasa de cosa rara a la categoría de leyenda urbana.
Si, ya sé que alguien que lea esto, fruncirá el ceño y dirá, ¡Otra vez con lo mismo! Pues sí, otra vez con lo mismo. Yo la verdad no sé como catalogarlo, y por no saber no sé si esto es verdad, es un sueño ó no pasó nunca, o yo no soy yo. También quiero relatar a los escépticos una anécdota protagonizada ni más ni menos que por Gabriel García Márquez.
Este gran escritor, durante una época de su vida-antes de ganar el Nóbel- escribía un artículo semanal en el diario El País de los domingos. Gran admirador de Gabo (para los amigos) me los leía todos, mi sorpresa fue que uno de los últimos que leí, contaba la historia de esa dama vestida de blanco que se aparece en una curva de la carretera, detiene tu coche, y te advierte de un grave peligro en la próxima curva donde ella falleció. ¿La conocen?. De esta historia tuve conocimiento una noche que veníamos dos matrimonios amigos de parranda, y en la carretera que une Aravaca con Aluche, mi amigo me la contó y decía que ocurrió en esa carretera y en la próxima curva que íbamos a coger. Lo curioso del caso es, que Gabriel García Márquez, decía en su articulo, que a el se la había contado un taxista en Paris. ¿Qué les parece?.
Y volviendo al párrafo primero, les cuento y Uds. juzgan, yo ni quito ni pongo Rey, pero ...
Al estanco entraban gentes de todo tipo, pero me referiré a un cliente habitual, poco fumador, venia cada dos o tres días y siempre invariablemente compraba la misma marca de tabaco-sin boquilla-, decía que para lo poco que fumaba, tres cigarrillos al día, lo fumaba como le daba la gana, y que su posible cáncer era suyo y nada mas que suyo. Era un hombre al que se le intuía estar de vuelta de muchos sitios y situaciones. Un día nos saludaba en ingles, otro en francés y otro en árabe, cuando no en chino o italiano. Si no teníamos muchos clientes, se quedaba y nos contaba alguna anécdota de sus tiempos en Argelia y Marruecos. No sé cual era su profesión cuando trabajaba, parece que algo relacionada con el mundo financiero, pero su afición una vez jubilado era la escritura de cuentos y relatos cortos. Gran aficionado al cine y admirador de W.Allen y los Hermanos Marx (decía que él era marxista sector Groucho) hacia bromas con esto, pero puedo afirmar con todo certeza que era un hombre de izquierdas.
Este personaje tan singular, fue a quien le paso lo que pasó, bueno a el y a la chica que venia todos los martes para promocionar una marca de tabaco, para lo cual ponía un chiringuito a la vista de quienes entraban les ofrecía la promoción. Cada semana una chica y a la siguiente otra diferente. Volviendo a la primera, Carla, creo que se llamaba Carla o al menos ese era el nombre que nuestro cliente le dio.
Un día que le correspondía hacer la promoción a la chica que él llamó Carla, entró nuestro hombre, se fijo en ella, la saludó muy afectuosamente, yo diría que más afectuosamente de lo normal, cruzó unas palabras con la joven, esta le respondió muy afectuosamente y una sonrisa de felicidad ocupaba todo su bello rostro. Tenía un gran parecido con la fallecida actriz de los años sesenta Audrey Herpburn, el mismo peinado, el mismo tipo de flacucha delgada, alta. Después de hablar con Carla, se dirigió al mostrador me pidió un paquete de la marca que fumaba, y yo pleno de curiosidad le pregunté si conocía a la joven. Él me contesto con total naturalidad: “Claro que la conozco de, toda la vida” me pagó, me gastó una broma a costa del Atlético (él era madridista irredento sector critico, como le gustaba decir) y volvió a dirigirse a Carla, habló algo con ella muy confidencialmente, se lo dijo al oído, a lo que Carla le respondió afirmativamente, y oí perfectamente: “La semana que viene a esta misma hora Valerio, llevo tantos años esperándote, que una semana mas no importa”. Me quedé estupefacto, Valerio el cliente aparentaba setenta años y Carla solo treinta, pero viéndolos hablar y viendo sus sonrisas cómplices parecía que se conocían de siempre y que no había diferencia de edad entre ellos.
No le dije nada a Valerio los días siguientes que vino al estanco, pero yo estaba impaciente porque llegara el próximo miércoles, que le tocara turno a Carla.
El miércoles que ocurrió todo, llegó, y digo todo porque a ciencia cierta no encuentro explicación a nada.
Era aproximadamente mediodía vi un coche Audi 100 modelo años 80, aparcar en la esquina del estanco. Era el coche que Valerio tenia, antes de cambiarlo por un Renault Megane. Vi sorprendido como descendía Valerio, se apeó como si los años no hiciesen mella en su cuerpo, su andar y vestir parecía el de un joven de treinta años, entró y me saludó distraídamente, pero se dirigió a Carla, esta le hizo un gesto afirmativo, cogió una bolsa de viaje que habría depositado detrás del tinglado de promoción, se despidió de mi y se fue con Valerio hacia el Audi, este le abrió la puerta del acompañante del conductor, ella le correspondió con una sonrisa irrepetible y difícilmente olvidable, Valerio desde la puerta me hizo un saludo con la mano, se metió en el coche y juro por lo mas sagrado que el hombre que tomó asiento junto a Carla, semejaba la imagen que Valerio debía tener cuando era un treintañero. El coche arrancó después de besarse la pareja apasionadamente y tanto Valerio como Carla desaparecieron de mi vida.
Si creen que aquí se acabó la historia, andan Uds. equivocados.
Estuve toda la semana pensando en lo ocurrido. Una vez en la cafetería cercana al estanco, me contó que su esposa había muerto en un atentado de los guerrilleros argelinos cuando trabajó en dicho pais. Nunca se recuperó su cuerpo, pues el coche que conducía cayo por un barranco a un rió, y se supone que el cadáver de ella yacería en el fondo. ¡Ah lo más curioso!, me dijo que su esposa se llamaba Carla y que era muy parecida a una actriz de cine muy delgada de pelo corto, casi masculino, me enseñó una foto, y ahora me doy cuenta que la imagen de la chica de la promoción era exacta a la foto que vi aquel día.
Arrebatado por la curiosidad, el sábado antes de cerrar, tenia la costumbre de archivar las cintas de la cámara de vigilancia de la semana. Como el tema del rejuvenecimiento de Valerio y su salida con la bellísima Carla me seguía intranquilizando, unido al recuerdo de la historia que me contó, me impulsó a buscar la cinta del miércoles en que los vi por última vez. La puse en el video y lo que vi o no vi, trasladó mi estado de intranquilidad, a estado de chok total.
La cinta no recogía NINGUNA imagen ni de Valerio ni de Carla, solo el tinglado promocional, pero se percibía como un halo que dibujaba dos siluetas sin cara ni rasgos definitorios. Empecé a asustarme y recordé algunas historias sobre espíritus y apariciones, especialmente la película aquella del niño que le dice a su madre: “Mamá de vez en cuando veo muertos”.
Puse la cinta de la cámara que debía tomar la puerta de la calle donde aparcaba el Audi 100 el día de la desaparición de ambos y !Maldita sea! Solo recogía como las puertas delanteras se abrían solas, como un halo se sentaba en un asiento y otro al lado, y como el coche desaparecía del ángulo de visión de la cámara, conducido por NADIE.
Ya no podía mas mis nervios estaban al borde del colapso, pero... Cuando sin darme cuenta puse una cinta que CASUALMENTE era la que tomaba a los empleados detrás del mostrador, solo había tomado la imagen de mi compañera Estrella y no la mía, pero sí, un halo junto Estrella.
Definitivamente en los estancos pasan cosas muy raras.
Alcorcon, 24 de Mayo 2.008. Victor Donamaria
.