ANTONIO MACHADO

 

 
 
 
 
 

 

 

 EL NIÑO SOLO


El paisaje era angustioso, los cuerpos, al fondo de la imagen todavía sin recoger, flotaban mecidos por el que fue su homicida y ahora tenía la belleza tranquila de las cosas que solamente pueden dar paz y calma.

La playa de Ao Nang parecería desierta si no fuera por una pequeña imagen, era la de un niño.

Shama, tiene 5 años y ha perdido a toda su familia.

Sentado, observaba el mar y masticaba lentamente un pedazo de pan, lo único que había conseguido de la ayuda humanitaria que unos uniformados y relucientes desconocidos le habían obsequiado como regalo de año nuevo.

Sus hermosos y apenados ojos fijos en el horizonte, secos después de la inundación de los primeros días, no se fijaban en los bultos acunados por el agua que, instantes después, el bello y asesino mar depositaba mansamente en la arena.

El diario Phuket Gazette seguía informando de la catástrofe del tsunami, pero no incluyó, la que para mí era una noticia digna de portada.

Cuando Shama dejó de mirar a la lejanía, notó que, a su lado, se encontraba un perro callejero y con una mirada lastimosa le solicitaba algo de comer, el niño cogió su pan, lo partió y le dio un pedazo. Fue la más bella comunión.

En la emoción, sólo pude pensar que la especie humana podría salvarse, y que mis lágrimas eran las que mi amigo Shama no podía dejar caer.

Antonio Machado Sanz. Enero 2005