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EL
NIÑO SOLO
El paisaje era angustioso, los cuerpos, al fondo de la imagen todavía
sin recoger, flotaban mecidos por el que fue su homicida y ahora
tenía la belleza tranquila de las cosas que solamente pueden
dar paz y calma.
La playa de Ao Nang parecería desierta si no fuera por una
pequeña imagen, era la de un niño.
Shama, tiene 5 años y ha perdido a toda su familia.
Sentado, observaba el mar y masticaba lentamente un pedazo de pan,
lo único que había conseguido de la ayuda humanitaria
que unos uniformados y relucientes desconocidos le habían
obsequiado como regalo de año nuevo.
Sus hermosos y apenados ojos fijos en el horizonte, secos después
de la inundación de los primeros días, no se fijaban
en los bultos acunados por el agua que, instantes después,
el bello y asesino mar depositaba mansamente en la arena.
El diario Phuket Gazette seguía informando de la catástrofe
del tsunami, pero no incluyó, la que para mí era una
noticia digna de portada.
Cuando Shama dejó de mirar a la lejanía, notó
que, a su lado, se encontraba un perro callejero y con una mirada
lastimosa le solicitaba algo de comer, el niño cogió
su pan, lo partió y le dio un pedazo. Fue la más bella
comunión.
En la emoción, sólo pude pensar que la especie humana
podría salvarse, y que mis lágrimas eran las que mi
amigo Shama no podía dejar caer.
Antonio Machado Sanz. Enero 2005
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