CARMEN ESCOHOTADO

 

 
 

      

EL CAMERINO


En esa caja de ilusiones, siempre hay alguien dispuesto a soñar por unas horas, en ser otro diferente.

Todos tenemos nuestro camerino, cometa voladora de colores chillones, por cuya cuerda vamos trepando siempre, incluso a veces con éxito.

Cada camerino es distinto, pero todos son como una caja de sorpresas sin fin, un proyector de adrenalina, una droga que mantiene mientras dura la representación.

Son las cuerdas de tender la ropa, por donde huyo.


En su espejo se repiten las nocturnas metamorfosis: el que entra es un ser distinto del que luego sale.

En su espejo me mira una vieja asustada pero contenta, coronada con un gran halo de adrenalina.


Detrás de su biombo, guardado por un cancerbero, se ocultan cuerpos desnudos, con el estómago encogido, y almas avergonzadas también de su desnudez.

Detrás de los biombos de los camerinos, asaltan dragones chinos y dragones celestiales.

Detrás del biombo yo estoy buscando mi voz de poetisa (de poetisa, no de poeta) y tengo el estómago anudado con cintas de seda que me asoman entre los dientes.


Fuera, bajo la lluvia, las palomas se envenenan, con los brotes de los caramelos caídos de la bolsa de un niño.


Carmen Escohotado Ibor. Madrid, marzo de 2003