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Donde termina la ciudad
y comienzan las nubes
en ese territorio abatido
donde el tiempo aún es silencio
y los cardos arañan nuestros ojos
casi nada
vale la alegria.
Las palabras no alcanzan esa pena
la mirada cae
sin horizonte
siquiera hay amapolas
que alivien la llanura
Cuánta tristeza mueve
un maniquí en un descampado.
José Pérez Carranque
diciembre 2005
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