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DESEO 44
Cuando vuelvan las libélulas
del cielo amarillo
y los truenos sean redondos con espinas
y la canción tenga la voz espiral
como las puertas de madera de roble
por donde los ángeles suben los colmillos de elefante,
por donde las crines de los caballos
reúnen a los antiguos compañeros de colegio,
entonces me arrancaré el rencor
para hacer sitio a la música nipona
y los estandartes de antaño,
convertidos en pins de camiseta,
inundarán de coles florecidas
el patio de los deseos marinos,
donde duerme la brisa cansada de tanto correr
y el cielo, en su damero silencioso,
lloverá solo por los cuadros blancos,
entonces, enrollaré la persiana que tejió mi madre
y estaré en paz con Dios.
C.E.I., Mad., 3 ago 05.
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