DEJADME
AMANECER EN ARCOS DE LA FRONTERA Turbio
amanecer de Cádiz preciso en hora de premura palpitante. Estío
decadente, gallo de inquietud, el Guadalete abrió su abanico blanco. Recio
alminar de Cádiz bravío, repique de ocho a dormivela. Olas
de calima en el río, fresco borbotón de casa, caserón,
caserío
Ciudad de la aurora y
el incienso, cortejo de pavo real amadísimo que juega con el sol
a la gallina ciega. El viento da en las rejas. La reja da en el luto viejo. El
luto en las ausencias. Hay sombras por las calles en esa ciudad que bien
se llama ¡Arcos de la Frontera! Federico
Rufete
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