DE TACTOS Y DE VOCES
El hombre aquel de los ojos de nube
se enamoró de oírla hablar.
Ella tenía en su voz los registros necesarios,
los sentidos abiertos en todas las palabras.
Y no tenía edad,
desde siempre fue joven.
Él sabía de un mundo de voces y de tactos.
Veía a esa mujer
con el vislumbre opaco de sus dedos
al inventar su forma.
Y la llamaba:
"Dime, con voz de pájaro a punto de volar,
dime el color, la luz,
la densidad del humo,
las mujeres de Rubens...
Dime las cosas con tus ojos".
Ella lo acompañaba.
"Ayúdame, no me fío de los conductores,
los bordillos tan altos...
Sube conmigo, tropezaré en las escaleras...
Abre la puerta de mi casa
que se resiste a tanta soledad.
Pasa conmigo niña, mujer, voz de mis manos,
pasa conmigo.
Traduce tus palabras en texturas.
Déjame oír tu piel".
Entonces era la compasión.
Y el miedo y la tristeza
huían escaleras abajo.
Tirsa Caja |