DOCE CALLES DEL GRAN BAZAR DE ESTAMBUL

A mi “generación” de poetas

 

 

El bazar se llena de gente bajo un zumo de limón

que Juana pinta en el cielo para ver amanecer.

Carlos jugaba con su reloj, entonces era el siglo de Galip

y Esther llevaba diez años leyendo para ser la mejor Sultana.

María de la O era una belleza andalusí de la mano de Lorca,

y pisaba descalza las calles del mediodía.

Manela acaparó las especias más increíbles

para la bodega de una carraca que esperaba en el puerto,

para venderlas luego en Chittagong.

Manuela tendió a mi paso telas de colores extraños y pieles de Caribú.

A lo escondido, en una calle estrecha,

Pepe era el único que ofrecía mercancías prohibidas,

pócimas sacadas de libros excomulgados.

Una Marisol colgó sobre mi cuello un amuleto para el amor incontrolable,

otra Marisol me prometía la felicidad en una fumarola de adormidera.

Miguel era un cíclope mahometano

que arruinaba a golpes los muros de la ciudad.

De cerca me seguía Urceloy, seduciendo a todas las mujeres

disfrazado de Abu-l-Qasim, pero yo sabía que era él.

 

Sólo he comprado un murmullo, por casi nada.

 

 

J. César Navarro, febrero 2008