DESAHUCIO

 

 

Sacó por la ventana todo lo que tenía.

Por la calle, junto a los viejos de siempre vigilando,

pasaban Oscar y el del sombrero.

En el bar de enfrente se quedaron los clientes a tomarse otro café

mientras miraban a través de los cristales.

La dueña de una tienda de azulejos llamó a la policía.

 

Había algo de Manet en los cubiertos esparcidos por la acera,

junto a los pomelos y unos periódicos atrasados.

Unos chavales se llevaron tres sillas

para jugar a los aviones.

Luego vino una mujer llena de arrugas y dijo aquello.

 

Se vino a vivir muy cerca,

a un solar a dos o tres calles de aquí.

Dejó en el suelo sus muebles, los libros,

la atención de los mirones,

apartó en un rincón los escombros

y, con el tiempo, le olvidé.

 

 

 

J. César Navarro