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CUENTO
DE NAVIDAD (O ANTICUENTO)
Esta historia, que protagonizan los
Reyes Magos y Papá Noel, ocurrió hace muuchos, muchos años, pero hasta
hoy nadie ha querido (o no ha podido, ya sabemos cómo están últimamente
los medios de comunicación con el tema de la monarquía) contarlo.
Nuestra
narración comienza días antes del 6 de enero, cuando encontramos a los
Reyes Magos en pleno trajín, leyendo cartas, abriendo su E-mail (Sí, su
E-mail, si el Vaticano se moderniza, ¿por qué no lo van a hacer los
Reyes?), envolviendo regalos, convenciendo, como todos los años, a
Melchor, el más anciano, de que no compre más caballitos de madera, que
ahora les llevas eso a un niño, y te lo tira a la cabeza... En esas
estaban, cuando Baltasar, que leía una nueva remesa de cartas, levantó
la cabeza y exclamó: “¡Chicos, tenemos un problema!”
Gaspar preguntó: “¿qué pasa, otra vez el pequeño Bush nos
pide un rifle automático?” (No
olvidemos que esto ocurrió hace algunos años, pero hay cosas que nunca
cambian). Baltasar contestó: “No, no, peor, la carta es de Daniel, un
niño que le pide una bici... ¡a Papá Noel! ¡Se ha equivocado de
dirección!”
En cuanto
oyeron esto, Melchor y Gaspar se precipitaron a leer la carta. Gaspar se
puso nerviosísimo: “Dios, ¿y ahora qué vamos a hacer? Ya no hay
tiempo de reenviar la carta a Papá Noel, ¡con lo lento que va a el
correo en estas fechas, la recibiría en febrero, y en esas fechas Noel no
trabaja, y... ya sabéis lo que piensa de hacer horas extras, y... Dios,
es horrible! Melchor le mandó callar: “Vale ya, Gaspar, siempre te
pones en lo peor. Habrá alguna manera de arreglar esto, llamaré a Noel,
y veremos qué podemos hacer”.
Melchor, seguido de Gaspar y de Baltasar, se encaminó hacia una
amplia sala de reuniones y pidió a su secretaria una videoconferencia.
(Bueno, secretaria, era su sobrina, pero ya veis, del enchufismo no se
libran ni en Oriente). A los
pocos minutos, hubo respuesta. “Espero que sea importante” Se escuchó...
“Para una siesta que me echo...” Al hacerse nítida la imagen, los
Reyes pudieron ver a un Noel despeinado, intentando abrocharse el traje
rojo que le hizo famoso, y que, por coquetería, se niega a cambiar por
uno dos tallas más grande.
-“¿Qué ocurre, Melchor? ¿Os habéis quedado sin
consolas? Jo, jo, jo... Melchor le respondió que
ese chiste ya se lo hizo el año pasado, y que prestara atención, porque
se trataba de algo importante. “Verás,
Noel, hemos recibido por error una carta de un niño, llamado Daniel. La
carta iba dirigida a ti, pero se ha debido traspapelar y nos ha llegado a
nosotros, y ahora no sabemos qué hacer, no podemos llevarle a él la
bici, porque eso sobrepasa nuestras funciones, pero tampoco podemos
remitirte la carta, porque no llegaría”. “Ay, Dios mío, ay, pobre niño,
qué pena...” Se oyó a lo lejos a Gaspar. Tras hacerle callar con una
mirada,
Melchor se volvió a la pantalla, donde seguía Noel, con una
expresión seria en la cara. “Vaya, vaya...” Dijo. “Esto sí que es
un contratiempo, porque si no recibo la carta, no puedo hacer nada.
Necesito ese papel para sellarlo, entregarlo en Administración, y mandar
la orden para hacerle llegar la bici. Pero sin la carta... O cualquier
otro documento compulsado... No, es imposible.
En medio
del silencio, Baltasar intervino tímidamente: “¿y si te lo enviamos
por fax?” Noel negó: “No, no, tiene que ser el original”. Ante la
mirada suplicante de Baltasar, Noel alegó: “lo siento, son las normas,
yo sólo hago mi trabajo”.
Gaspar
gimoteó: “Dios, ¿y ahora qué vamos a hacer? Ese pobre niño se va a
quedar sin bici, y estará triste, y nos odiará, y odiará las navidades,
y... “ Noel tronó: “por el amor de Dios, ¿alguien quiere darle la
pastilla a Gaspar?” (Esto tampoco lo sabe nadie, pero Gaspar está a
base de prozac desde que una niña le descubrió y le preguntó si los
reyes magos eran gays).
Baltasar
tranquilizó como pudo a Gaspar, y volvió a intervenir: “Y... ¿si
nosotros le lleváramos la bici, como si fuéramos Papá Noel? Solo por
esta vez”. Papá Noel interrumpió a Baltasar, asustado: “¿cómo? Eso
no se ha hecho nunca, daría lugar a un conflicto de competencias, y... ¿os
imagináis que el niño os descubre? ¿Qué iba a pensar de nosotros? No,
no, ¡eso sería el caos!” Melchor
tranquilizó los ánimos, y dando una palmadita en la espalda a Baltasar,
argumentó: “Noel tiene razón, Baltasar, tú eres muy joven para
entenderlo, pero... estas cosas no se pueden hacer así, hay que pensar qué
es lo mejor para todos... Lo mejor, yo creo, es organizar una Comisión de
Investigación, y que se decida en ella.
Y así se
hizo, entre los ponentes, aparte de los tres Reyes y Papá Noel, se
encontraba Robin Hood, el Hombre del Saco, y el Ratoncito Pérez. Todos
tenían sus propias opiniones, y así lo hicieron saber. Robin Hood
abogaba por robar una bici a un rico y dársela a Daniel, el Hombre del
Saco comentó que, ya que el niño, se había equivocado, la culpa era
suya, y merecía que no le trajeran nada, y el Ratoncito Pérez... su voto
valía menos, por su condición animal, y por mucho que dijera, no fue
tenido en cuenta.
Como no
se pusieron de acuerdo, la Comisión se alargó días, y días... hasta
que Gaspar, horrorizado, entró
como una exhalación enseñando el calendario: “¡Es día 4, 4 de enero!
Y nosotros aquí, Dios mío, y el pobre Daniel esperando su bici... es
horrible!” Melchor trató de tranquilizarle, pero él también estaba
nervioso. El tiempo se les había echado encima. Tuvieron que disolver la
Comisión en seguida, ya que les quedaba poco tiempo. En medio de las
despedidas, se oyó la voz de Baltasar: “Pero... ¿y
Daniel?” Todos se miraron confusos, sintiéndose algo
culpables de no haber sabido encontrar una solución, y se esfumaron rápidamente,
sin ni siquiera contestar al pobre Baltasar.
¿Y sabéis
qué pasó? ¿Lo adivináis? Pues que pasó la noche del día 5... y el día
6... y Daniel se quedó sin su bicicleta por un simple error burocrático.
Y es que... queramos o no, tanto Noel como los Reyes Magos... no dejan de
ser hombres.
MARTA
SÁNCHEZ.
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