Una cita de Peabody
Esta noche te he soñado panzaarriba,
con el pecho ladeado sobre el brazo
y las venillas azules y revueltas.
Hoy quiero ver la costra de tus caries,
las cicatrices de tus manos
y los tobillos inflamados por mis dientes.
Cuando te incorpores y te vistas,
no olvides tu falda de organdí,
esa que sacaste con sigilo del armario de tu madre
cuando vivía en el vertedero.
Hoy quiero verte desgarbada,
con el suéter de cuello de cisne
que tu último amante utilizó
para estrangular un perro.
No te olvides de vestir
tu ropa interior de cocodrilo
ni tu camisa de arpillera.
El ojo derecho lo ocultas bajo el pelo
y el izquierdo, el de cristal, lo ennegreces con betún.
Yo me pondré mi traje de eyaculador precoz
y mi sombrero de artista de domingo,
bajo el brazo mi compendio escatológico
y una botella de champán francés.
Quedamos esta tarde donde quieras,
en el parque, como siempre,
junto a los urinarios.
No te olvides de los guantes
para desenroscar bombillas.
La escalera, esta vez, la llevo yo.
Miguel de Francisco
Diciembre 2005
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