CELDA

 

Un jergón de nogal y viejas inscripciones sobre la pared.

Un teléfono inútil y periódicos silbos del turno de revista.

Nombres hispanos tallados sobre vidrio, precediendo a los barrotes.

Calefacción al fin en el sótano del invierno bostoniano.

Noche de plomo abatido y contenida fatalidad.

 

Llamadas sin respuesta, ecos lejanos de mal beber.

Un agente solicita que mantengan un ojo sobre ti.

La mañana despierta con fianza pendiente y un tetra-brik bajo la trampilla.

Un policía de ojos profundos acalla lamentos apagados

que ni siquiera se pronuncian.

El pensamiento vaga sobre cimas que aventan el rencor.

 

Sobreponerse al miedo en el instante es liviano,

un ejercicio de olvido, desprendimiento altivo.

Lo difícil es sobreponerse al poso insondable

que dejan el estigma y la hostilidad ambientes

tras la salida fulgurante al hielo vespertino

sin siquiera cordones que anuden los zapatos.

 

 

     Adolfo Cristóbal Campoamor