CAMINOS DE LUGO

 

Soledad verde entre la bruma,

amanecer con humedad neblinosa,

pallozas, hórreos y vaquerizas.

Pizarras y tierra tiznadas con excremento vacuno,

helechos arborescentes;

ancianas que ofrecen leche frita al caminante,

otras apartan malas hierbas de coles y cebollas.

Canteras, brañas e innumerables lomas;

perros pequeños y diligentes, nada díscolos,

con el carácter esquivo de sus amos,

se aplican al pastoreo de vastas moles pardas.

Las aldeas no han cambiado mucho con el tiempo,

sí lo han hecho levemente las ciudades;

resulta gratificante que las aldeas permanezcan pobladas,

desdeñosas y de espaldas al camino,

para saborear humildad tallada sobre firmeza y sencillez.

 

 

 

 

  Adolfo Cristóbal Campoamor