Autorretrato después de una intervención quirúrgica

No soy un hombre puro, todos mis colores son pecaminosos y están presididos por una pierna rígida. Tengo una yegua a punto de parir y no he llevado un arma en los últimos 25 años. Ahora sufro por que los celos se acabaron y en su lugar sólo queda habilidad en el lenguaje de protesta. Los viejos tenemos veneno en la palabra. No voy donde mi sed me lleva sino a manantiales mecánicamente fértiles. El olvido no se cansa de sellar mi boca y con frecuencia me hace decir que no recuerdo pasados unos minutos. La memoria de los viejos es materia blanda que fluye y se pierde. Tengo un infierno particular, que es morir sepultado y temo caer dormido por si acaso no despierto. El tiempo de los viejos está hecho de unas pocas horas largas.


 

Miguel de Francisco
Abril 2010