Asesinato en la noche

 

Tu herida en el costado es premonitoria

de la tierna espuma que cubre de sangre

tu respiración.

Conozco tu blasón en el dintel,

tiene sombra de cuchillo y de lanza medieval.

Tu aldabón es herrumbroso y tiene lengua de acero.

Mis manos de asesino se deslizan

por el pomo de tu puerta y penetran

silenciosas en tu alcoba.

Tu cuello vibra en la oscuridad como una joya preciada,

lo aprieto contra el lecho hasta el temblor de la muerte

y los suspiros deshechos.

Comienzan tu silencio y mi maldición

las palabras que me faltan día a día, el sufrimiento

de estar vivo, la sangre que tiñe los arroyos

y las sienes que tratan de zafarse de las manos.

 

 

Miguel de Francisco. Marzo 09