ALGO SOBRE MADRID
En Madrid,
chocamos con otros en el metro, por las calles
y nos perdemos en su plano circular y neurótico
sin encontrar salida.
Inventamos lenguajes
que nunca nos salvarán del hermetismo.
Proliferan los espectáculos nudistas
pero nos mantenemos pudorosos en las distancias cortas.
Los perros sin dueño
son envidiablemente queridos
por el vagabundo de la calle Preciados
y mi gato no cuestiona mi amor,
se sube a mis rodillas, simplemente.
Hay hombres que buscan conversación
en el territorio de las prostitutas
y mujeres que no saben
cuánto sexo darían a cambio de muy poco.
A veces volvemos la cabeza pensando que nos llaman.
Qué señal para reconocernos.
Dónde la costumbre de sonreír.
Hoy he oído en las noticias
que las vacas de granja
dan más litros de leche si se les habla,
si se les llama por su nombre.
Tirsa Caja |